¿Fe o anestesia?

¿Fe o anestesia?

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11:28,30

La fe está cada vez más siendo relativizada. Lo que hoy en día se nota, son ofertas de anestesia travestida de fe. La finalidad es traer algún alivio momentáneo a aquellos que sufren alguna molestia. Todo es válido, como por ejemplo, las ofrendas, los cambios, los sacrificios y por no decir que la fe se ha vuelto un negocio. De acuerdo con el concepto humano, es necesario subsidios para autentificar nuestra fe. Dios es tan grande y tan tremendo, que hasta mismo el hecho de idolatrarlo ya es un riesgo. La idolatría nada más es que la domesticación del dios idolatrado. Cabe destacar que Dios es inmensurable y no se ajusta en las cajas de nuestras pretensiones. En Lucas 18:8, Jesús hace una pregunta sorprendente: ¿Cuándo haya regresado el hijo del hombre, hallará fe en la tierra? La fe auténtica y verdadera es aquella que lleva en si el sello de las obras y no la que nos lleva a secuestrar a Dios y hacerlo rehén de nuestros anhelos. En estos tres versículos de Mateo descritos arriba, encontramos el antídoto que neutraliza todo este veneno. La fe es la certeza, es la convicción, es aquello que te lleva a creer de forma genuina y eficaz. La fe no es una oferta, sino una invitación; “Venid a mí”, y tampoco está limitada a un grupo de personas privilegiadas, “Venid a mi todos”. La fe no es ánimo para recibir sino fuerza para entregar nuestras cargas y dolores. La fe es el punto de inmediación entre el necesitado y el ayudador. La fe es sustituir cargas por compromiso, “Llevad mi yugo sobre vosotros”, ella actúa en nuestra incapacidad, formando en nosotros el carácter manso y humilde de Jesús. Su meta no es rodearnos de bienes, va más allá de eso, su blanco es alcanzar nuestra alma cansada y aflicta, proporcionándole alivio, descanso y tranquilidad. Disfrutad de la fe, ella está más cerca de lo que imagina. Está en su habitación cuando cierra la puerta tras suya. Donde están dos o tres reunidos, allí está ella.

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José Dalmo Norberto y su esposa Luiza Norberto, empezaron sirviendo a Dios en el año 1993 en la Iglesia Evangélica “Comunidade Cristã de Ribeirão Preto” en Brasil, seis años más tarde fueron ordenados como pastores de la comunidad. Él fue el responsable del grupo de hombres y ella de las mujeres, un trabajo que hasta hoy ha dejado huellas en la vida de muchas personas. Además, el perfil misionero del matrimonio ofreció la apertura de algunas iglesias en su país de origen. En el año 2011 fueron enviados a Valencia como misioneros, donde se suman al equipo pastoral local para la edificación de la iglesia española.

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