Hechos para brillar

Hechos para brillar

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud (cajón), sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:14,16.

Está claro que la luz retratada por Jesús era oriunda de un tema espiritual y no natural. Como podéis observar, la foto al inicio es un cofre, cajón. Si la luz fuera puesta debajo de este objeto, dos cosas podrían suceder, ella sería limitada o apagada. Limitarla significaría disminuir, inhibir, reducir su poder de alcance. ¿Hasta dónde puede llegar el brillo de tu luz? Somos hechos para alumbrar, pero no podemos permitir que tantas cosas limiten el poder del brillo que hay en nosotros. Cualquier cosa que se oponga a ti y a los hombres les hará sombra, y el imagen visto por las personas no será las buenas obras que están en ti, sino el objeto interpuesto. Son tantas cosas que pueden tomar el lugar de la luz de Cristo en nosotros. De pronto, lo que está en juego no es si estamos encendidos o apagados, sino hasta dónde llegará nuestra luz. Conforme he dicho, la segunda consecuencia de estar debajo del almud es apagarse. ¡Sí! La falta de oxígeno se encargará de eso Cuando la luz se apaga, se acabó, para nada servimos. Como iglesia estamos siendo retados a mirar hacia fuera. Hay muchas tinieblas más allá de estas cuatro paredes. Reunirse para alabar a Dios, tener comunión, estudiar la palabra forma parte de un conjunto de prácticas que resultará en nosotros luz y buenas obras, pero eso tiene que ser visto, no puede apagarse junto con la luz. Levántate, sal de debajo de tus limitaciones, Jesús te extiende las manos.

Suba al monte lo más alto que puedas. No te detengas. Ponte en el lugar más alto de la casa para que todos te vean. La luz que está en ti les guiará y les proporcionará calor, posibilitándoles que sean también ellos, luz para todas las naciones.

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José Dalmo Norberto y su esposa Luiza Norberto, empezaron sirviendo a Dios en el año 1993 en la Iglesia Evangélica “Comunidade Cristã de Ribeirão Preto” en Brasil, seis años más tarde fueron ordenados como pastores de la comunidad. Él fue el responsable del grupo de hombres y ella de las mujeres, un trabajo que hasta hoy ha dejado huellas en la vida de muchas personas. Además, el perfil misionero del matrimonio ofreció la apertura de algunas iglesias en su país de origen. En el año 2011 fueron enviados a Valencia como misioneros, donde se suman al equipo pastoral local para la edificación de la iglesia española.

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